domingo, 13 de abril de 2014

En esta ciudad (Salvatore Quasimodo)


 
En esta ciudad también está la máquina
que tritura los sueños: con una ficha
viva, un pequeño disco de dolor,
enseguida estás al otro lado, en esta tierra,
desconocido en medio de sombras delirantes
sobre algas de fósforo hongos de humo:
un carrusel de monstruos
que gira sobre conchas
que resonando pútridas se quiebran.
Está en un bar que hace esquina, allá a la vuelta
de los plátanos, aquí en mi ciudad
o en otra parte. Vamos, ya se pone en marcha

martes, 21 de enero de 2014



Un canto de pájaros eléctricos quiebra la mañana,
su figura se recorta a contraluz.
Un sueño de lámparas de sodio,
las orillas de arroyos finitos,
hilos de agua entre costas blancas de cal y de litio.

En las copas de los árboles tejen nidos
de alambre y tanza robada a los pescadores,
buscan bichos de luz bajo las piedras,
entre los cardos de cobre.

Las piruetas incandescentes llegan con el atardecer,
giran, planean, aletean en el cielo rojizo.
Una estela verde se mantiene unos instantes,
se graba en el aire, y desaparece
en el rincón más alcalino del recuerdo.

lunes, 28 de octubre de 2013



Ese árbol daba frutos eléctricos,
niños rubios con peinados de margarina
mordían felices sus manzanas de Volta,
un ácido como el de la lengua sobre una batería de nueve.

¡Viva el sol!
Juntaban las manzanas rojo laca
y amontonaban electrodomésticos rotos
como ofrendas a lo largo del campo.
Un verano resucitaron treinta y dos televisores,
uno a uno encendían  en un canal muerto
o captando viejas repeticiones
¡Viva el sol, viva la vida!

De noche la gramilla despedía una luz gris y azulada,
manchas de tréboles fluorescían entre el pasto,
y los grillos cantaban un coro de ruido blanco.
Cortando la oscuridad las luciérnagas serpenteaban
contentas porque ya nunca estarían solas.
  
Con el polvo que sale de los tubos de luz rotos como rocío,
las flores más extrañas aparecían en la mañana
y cuando el cielo se ponía rojizo,
las jóvenes armaban ramilletes enormes
para decorar su pelo y sus vestidos.

Un niño hoy viejo,
que antes tenía una sonrisa blanca de masticar alquitrán,
entierra baterías donde estaba el árbol,
las saca de los autos abandonados al costado de la ruta,
dicen que el probó las manzanas de Volta.

miércoles, 28 de agosto de 2013