martes, 21 de enero de 2014



Un canto de pájaros eléctricos quiebra la mañana,
su figura se recorta a contraluz.
Un sueño de lámparas de sodio,
las orillas de arroyos finitos,
hilos de agua entre costas blancas de cal y de litio.

En las copas de los árboles tejen nidos
de alambre y tanza robada a los pescadores,
buscan bichos de luz bajo las piedras,
entre los cardos de cobre.

Las piruetas incandescentes llegan con el atardecer,
giran, planean, aletean en el cielo rojizo.
Una estela verde se mantiene unos instantes,
se graba en el aire, y desaparece
en el rincón más alcalino del recuerdo.

lunes, 28 de octubre de 2013



Ese árbol daba frutos eléctricos,
niños rubios con peinados de margarina
mordían felices sus manzanas de Volta,
un ácido como el de la lengua sobre una batería de nueve.

¡Viva el sol!
Juntaban las manzanas rojo laca
y amontonaban electrodomésticos rotos
como ofrendas a lo largo del campo.
Un verano resucitaron treinta y dos televisores,
uno a uno encendían  en un canal muerto
o captando viejas repeticiones
¡Viva el sol, viva la vida!

De noche la gramilla despedía una luz gris y azulada,
manchas de tréboles fluorescían entre el pasto,
y los grillos cantaban un coro de ruido blanco.
Cortando la oscuridad las luciérnagas serpenteaban
contentas porque ya nunca estarían solas.
  
Con el polvo que sale de los tubos de luz rotos como rocío,
las flores más extrañas aparecían en la mañana
y cuando el cielo se ponía rojizo,
las jóvenes armaban ramilletes enormes
para decorar su pelo y sus vestidos.

Un niño hoy viejo,
que antes tenía una sonrisa blanca de masticar alquitrán,
entierra baterías donde estaba el árbol,
las saca de los autos abandonados al costado de la ruta,
dicen que el probó las manzanas de Volta.

miércoles, 28 de agosto de 2013

martes, 27 de agosto de 2013

Ruego a Nzamé (Jaime Jaramillo Escobar)



Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.

Una palabra que me sirva para volverme negro, 
quedarme el día entero debajo de una palma, 
y olvidarme de todo a la orilla del agua.

Dame una palabra antigua para volver a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan onda como el pez en el agua.

¡Quiero volver a Angbala!


*Fotografía Dietmar Eckell