lunes, 11 de noviembre de 2019






Las carreteras del córtex.
Cintas cruzadas, sondas.
1. Destello
Una y otra vez un informe,
variables registradas de un polígrafo.
Luz de noche,
lesiones tercer grado nervio y hueso.
2. Cinética. Diferenciales de temperatura.
Reflujo.
PH7 “Producto humano siete no ha demostrado mejoría”:
aislamiento, cámara negra, incipiente catatonia.

Una mancha azulada ha ionizado el cielo esta mañana,
la luz juzgaba juegos. Un sueño:
los que filmaron la del Genghis Khan se entregaron al desierto,
la arena chupó sus huesos,
el campo de pruebas solo quería jugar con ellos.

3. Conducción, diferenciales, barrera térmica
Las pruebas tenían nombres chistosos. Perro, Dixie, Clímax.
Clímax, como Clímax de medianoche.
Son las 17.23 del 11 de junio de 1979, John Wayne muere de cáncer:
feo, fuerte y formal.
Un utilero se arrastra en sábanas clínicas,
Susan Hayward recibe un parte médico.
Tragados por el desierto,
ofrendas a la arena y al fallout.

Rainfall, ahora llueve,
salmo incontrolable sobre tierra cocida.
Antes: ionizantes/efecto residual
Antes: vacío.
El vacío es llenado.
Reflujo.

“Al cabo de 15 días el sujeto abandona resistencia
ya no pregunta dónde, ya no se reconoce
- aumentar dosis”

La cinta fue analizada.
Arboles batidos y casas abatidas por efecto retroactivo.
Los soldados contemplaban la reacción en cadena
como a una madre todopoderosa.

-poblados fantasmas de pruebas
-poblados fantasmas de la costa
-pueblos erigidos para el cine bajo erosión del sol.
Nadie sabe dónde están,
PH7 no sabe nada,
la producción no supo de Dixie y Clímax.
Sinergias:
esas ciudades como maquetas
aún nos esperan
puertas abiertas a su destino de luz.

miércoles, 2 de enero de 2019


En este enlace pueden acceder a la lectura de la Revista  Ragnarök, muy recomendada publicación que llega desde Corrientes.
"Revista de literatura y artes visuales. Promueve el cruce entre artistas de diferentes zonas geográficas y técnicas artísticas para producir una revista destinada a todos los sentidos."
https://issuu.com/revistaragnarok
https://www.facebook.com/revistaragnarok/ 


jueves, 26 de abril de 2018



Mientras conversa observa a la gente,
vinieron a escuchar al que vino entre formas
a hablar de formas sin sueño y un tiempo de consuelo
y  sangre a chorros desde el cielo
que teñirá el alma y los vestidos
de las emperatrices de corazón roto.

miércoles, 31 de enero de 2018






La corriente atrajo a la costa los objetos
contrabandeados en las alforjas de nuestra imaginación.
Ya no reconozco las fotos decoloradas por la sal.

Un pesquero desorientado ingresó a la bahía escoltado de penumbra.
Su tripulación diagnosticada con stress postraumático
habría desarrollado un enlace psíquico 
con algunas especies de caracidos domésticos.

Aún en la piedra raída de mi memoria
se distingue la sirena de barco que nos desvelaba de madrugada.
Estoy sentado al borde de la costa que muta de colores y formas,
entre las olas otras sombras se ondulan adobadas de algas.

viernes, 10 de noviembre de 2017



De todos los secretos que extrajeron del corazón de la tierra
el más extraño fueron los corazones,
yacientes flores salvajes sangrando en el polvo
llenos de piedra y secos
al borde del camino.
Hay una historia
de los mineros del corazón de carbón
sepultados en la tierra,
meses después del día que extrajeron el secreto
que no moriría con ellos
porque prefirieron perderse
cientos de metros abajo,
cerca del centro
de El Corazón
de la tierra.
Si este mar que nos rodea
te ayudara a recordar algo,
algo que nunca fue dicho,
de sangre y aceite brotando en charcos naturales,
de las antenas las trasmisiones,
y de las vírgenes de estática
que intuían las operadoras telefónicas
y los radioaficionados.
 
Fue en el desierto, que acariciaron el secreto.
El pueblo aún de fiesta como cada año
hizo el silencio de los muertos
mientras los pocos semáforos advertían solitarios
la entrada a un reino de jaspe y sangre.
No se olvida la mirada de quien acarició el secreto:
algo que te envuelve del frío
como llanto de los primogénitos,
el chirrido de zorras sobre las vías que se deslizan hacia a la noche.
¿Escuchás el mar? ¿La estática de las vírgenes?
¿Y el olor de los mineros, el sudor de los trenes,
la sangre seca? ¿La contorsión de flores extrañas
como sistemas sanguíneos de las tierra?
Ya a los fantasmas que de noche rodean mi casa
querría ofrecerles una piedra bruta del corazón de la tierra,
o la piedra tosca de mis ideas, la tosca de mis vísceras…
para poder dormir
y contarte la historia
pero ya no puedo recordar.

martes, 19 de septiembre de 2017

In the canal zone (Lidio Dimas)



mi yo
cruza la cerca y corre
detrás de esa alambrada está la muerte
captúrala y rómpele el pescuezo
Luego podrás irte a acostar con tu mujer
y vivir
o morir
o no hacer nada.

viernes, 15 de septiembre de 2017

El listado de librerías donde pueden conseguir Un Universo Regrabable - Ed. Textos Intrusos, 2017 - además, claro, de poder contactarse directamente conmigo a danielqgonzalez@hotmail.com para encargarlo:

-Paradigma (Maure 1786)

-Santiago Arcos (Puan 467)
-Mendel Libros (Paraguay 5163)
-La libre (Bolívar 438)
-R y R ( Ramón Freire 1536)
-Mil grullas (Malabia 1968)
-Libros Ref (Honduras 4191)
-La gata y la luna (Manuela Pedraza 2365)
-Musaraña (José María Paz 1530 - Florida)
-Del Conti (Av. Libertador 8151)
-En Terapia Resto Bar (Hipólito Yrigoyen 3235)




martes, 22 de agosto de 2017

Este sábado 26 de agosto es la presentación de Un Universo Regrabable, que edita Textosintrusos.
Están todos invitados.

jueves, 29 de junio de 2017

Abdicación (Fernando Pessoa)


Tómame, oh, noche eterna, en tus brazos 
Y llámame hijo tuyo.
               Yo soy un rey 

Que voluntariamente abandoné 
Mi trono de ensueños y cansancios. 

Mi espada, pesada en brazos laxos, 

En manos viriles y calmas entregué;
Y mi cetro y corona –los dejé
En la antecámara, hechos pedazos.

Mi cota de malla, tan inútil,
Mis espuelas, de un tintinear tan fútil,
Las dejé en la fría escalinata.

Me desnudé la realeza, cuerpo y alma,
Y regresé a la noche antigua y calma
Como el paisaje al morir el día.

martes, 28 de marzo de 2017

Detrás del monasterio (Ernesto Cardenal)




Detrás del monasterio, junto al camino,
existe un cementerio de cosas gastadas,
en donde yacen el hierro sarroso, pedazos
de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos,
cajetillas de cigarrillos vacías, aserrín
y zinc, plástico envejecido, llantas rotas,
esperando como nosotros la resurrección

jueves, 26 de enero de 2017




A ver,  
el problema no es el baile ese de los extraños de las máscaras
ni los estaqueados entre las chispas,
que igual dale que dale con la música,
¿pero baldear toda la sangre seca de la vereda?

Encima esas polillas, prefiero el instante de verdad
en que se te quedan mirando fijo
las lagartijas que entran por la ventana.
Yo estaba justo como ellas pensando,
pensaba que recortar y juntar los carteles
que salen en el fondo de las polaroids
seguro te devuelve el tiempo
y que ninguna serpiente mejor a esas
que trajeron los camalotes el año pasado;
todo esto pensaba yo y de pronto chau:
había un baile de estaqueados y eso que no era carnaval,
las brasas hacían “pssss psssss” con la sangre que chorreaba
y no estábamos en carnaval.

Oblicuos desde la calle
los focos de autos dibujaban ánimas sobre el techo,
o por ahí sí eran los muertos
¿No viste que arriba en los arboles
las hojas tiemblan para invocarlos?
Al fin me dormí,
pensando que ningún sol mejor
que ese que incendiaba la arena
mientras jugábamos a las corridas
en la cubierta de un barco oxidado.
Pero patente, las luces bailaron en la noche
y los estaqueados miraban la luna extraviados entre el fuego.

martes, 6 de septiembre de 2016

La leyenda de El Dorado (Javier del Granado)


 


Bajo el ardiente luminar del trópico,
como el hidalgo Caballero Andante,
jinete en ilusorio rocinante,
sueña don Ñuflo con un país utópico.

En la pupila azul de un lago hipnótico,
ve una ciudad de mármol relumbrante,
almenas de ónix, fuentes de brillante,
y aves canoras de plumaje exótico.

Ve al augusto Paitití en su palacio,
y a caimanes con ojos de esmeralda,
custodiando sus puertas de topacio.

Turba su mente el colosal tesoro,
y en los oleajes de la fronda gualda,
el sol incendia la Leyenda de Oro.


martes, 9 de agosto de 2016





Junto al latido húmedo que supura el río
viene un magullar que punza y corta
y con otra navaja entregada en sueños
abro el pliegue intonso de los días,
de filas largas y finitas de luces
que titilan confundiendo a algún viajero remoto.
La flecha del tiempo; 
hecha con piedra de una ciudad derruida,
de charcos de sangre oscuros 
en terreno ganado al río,
su punta tallada por refucilos  
que no vi
pero me contaron.

jueves, 17 de marzo de 2016




El gigante siempre es ofrecido por la noche,
sueños recurrentes siempre traen a Robert Wadlow.
El hombre más alto, de la muerte joven gesto amable,
entre veredas extrañas de otra vieja nueva flora.

Me soñé entre terrazas y mi sombra como Wadlow,
derramada entre fierros de escaleras clausuradas;
al sol que declina tras carteles golpeé los tanques de agua
sacando armónicos a los vacíos por defecto del flotante.
Como el gigante gentil que esquivaba las arañas
percutir la membrana al mirar fijo el disco ardiente,
yerra de tiempo en las terminaciones nerviosas
que secundan la coroides.

Subpienso que si fuese tan alto como el gigante,
de no morir tan joven clavados los veintidós,
me fugaría en terrazas para abstraerme del pulso
como cuando él miró arriba y retuvo un cielo ardiente
mientras al lado padres retrataban a los niños
y solo comprendieron su don como ornamento (freak of nature),
arquitectos silentes de la nueva vieja flora
que sonó un futuro en  los bunkers
para sus hijos y nietos.

Me subsueño, entonces, descender de entre la herrumbre;
bajar desde las cajas de cable que aun colapsan con tormenta,
de entre el flujo invariable de cruces de junta asfáltica
que opera como una fe secreta de porteros o encargados,
para saberme, al final, ni poder mirar espejos:
que en el iris refucilos
desaten la aberración,
como neural desvío estratégico
de un tiempo en retirada.

Y cuando mis ojos desborden como rayos globulares
- blancas llamas de intensa escala,
obligándome a usar máscara de soldador
porque “nunca mires cuando sueldan
porque te podés quedar ciego” -
subpienso, mientas sueño al gigante,
que  como Joseph Merrick
voy a girar sobre el lado prohibido de la cama
y ya sin lágrimas en los ojos
miraré la almohada
para que todo arda.

miércoles, 2 de marzo de 2016




Con los codos clavados
en el mantel plástico,
fumando en el balcón,
entre lámparas de sodio
perdiendo todo el tiempo
que sea capaz de perder
bajo el tintinar de cascarudos;
no importa:
esta noche necesito nombrarlos,
nombrarlos y escuchar la voz de los muertos:
eco en los caracoles de los pozos de ascensor,
braza estigma viva en la muñeca,
oscilación amable en la copa de árboles nocturnos.

Codos clavados en el pozo de ascensor,
eco caracol de los alerces nocturnos,
manteles achicharrados entre brasa viva;
oscilación de sodio.
Tiempo estigma de las fosas de Ascensión:
cifraré el lenguaje amable de los cascarudos.


jueves, 11 de febrero de 2016




Atravesados por una lanza.
En la calle henchida de turistas
y vendedores de cualquier cosa
caminamos los dos amigos,
en fila india sin saber,
porque nos atravesaba la misma lanza.

Si él frenaba para mirar una mina,
yo no advertía el giro y me tiraba la aorta;
si yo ralentaba el paso, sabía que la madera
le desgarraba un poco el corazón.

Yo iba más lento,
afiebrado de turistas, desprecio por domingueros.
No estaban atravesados por una lanza o no se notaba:
tendrían tramontina entre uñas, astillas bajo piel,
San La Muerte de hueso de vaca
entre músculos para conjurar la parca,
medicina licuada en sangre
para disolver sueño y pesadilla;   
pero no les veía la lanza,
la lanza hecha con rama de árbol caído.

Niños nos siguieron el rastro espeso,
juntando la sangre de las pantorrillas
que hacía charcos entre el adoquín.
Mojaban pañuelitos escurridos en cartón
corrugado para vender artesanía:
“Cuadros hechos con sangre seca
de los atravesados por la lanza del corazón”,
gritaron con crueldad e inocencia en retirada.

Una vieja murmuró  “los estaqueados”,
nos sacaban una foto, nos confundieron
con estatuas vivientes y/o ignoraron.
Y fingíamos caminar mirando al frente,
mientras buscábamos de costado el sol agónico
horizontal entre blasfemos crucifijos de cables,
horcas colgando sobre calles transversales.

Desde un bar de viejo un viejo nos miró,
parecía comprender,
otra lanza horadaba su pecho.
Tintinearon gotas de sangre
sobre el platito blanco del café,
otras espesaban en el vaso de soda.
El asta lo taladraba con la saliente apoyada en la mesa,
como si tratara de descansar un poco.
Tal vez nunca tuvo un amigo con quien compartir
la lanza de árbol caído atravesada en el corazón,
quizá ese alguien ya había muerto y lo recordó con nostalgia.

sábado, 30 de enero de 2016




Un alud estrellando contra la cabeza,
barro y agua arrancando raíces y cardos,
los abrojos pegados a la masa esponjosa del cerebro.
Alud de montaña
con la nuca como único punto de fuga,
de agua clara y piedra que rebota en el cuenco de hueso,
de frío cauterizante que se lleva toda pesadilla nival.

Hasta una costa arrastrará mi cuerpo,
blanco y ridículo tumbado bajo el sol
y ahí, enfriado por la noche y abrasado al mediodía,
los huesos confundiéndose con la arena.

miércoles, 20 de enero de 2016




Su sombrero de pico en todos los rincones,
un gnomo habita las cañerías.
Gorro asoma mientras lavo los platos,
rojo asoma desde atrás de la heladera.

Hay un gnomo entre las tuberías,
en los cimientos de este extraño lugar.
Cuando duermo siempre
roba las pinturas de mis sueños,
siempre cuando duermo se roba mis recuerdos,
y despierto pensando que nada soñé.
Se robó el sol empapándome la cara,
la primera vez que escuché esa música,
casi se llevó la vibración del trueno entre los sauces.
Me mejicaneó el llanto primigenio 
pero me dejo este ánimo insomne.
Yo le digo que salga de los recovecos,
que por la noche duerma,
y que nos vayamos juntos a caminar bajo el sol.

viernes, 15 de enero de 2016




Ahora que me hago el dormido, o lo estoy,
los escucho acercase a la oreja, traspasar la sábana;
impulsados por la brisa, atraviesan el tejido
y se confunden por el humo.
Y no sé cómo, pero con mosquitos y espiral,
construí un dispositivo de tiempo.

Del sol empapando mi rostro
justo en el momento que dejaba de pensarlo,
de como una palabra por una vez, y solo una vez,
no se trababa entre mi tráquea: salía sola;
no como esas bolas lentas de las quermeses
o esos ganchos flojos que agarran ositos
y que nunca agarran nada
mientras el papá dice “dale hijo, pero la última ficha eh”.

El tiempo en una coraza, suspendido solo un segundo,
antes de que estalle por mil partes a mi lado,
bomba de astillas minerales
infectando el espolón calcáneo de los días.
Que si fuese deforme vaya y pase,
pero el tranco euclidiano  
decantando esta sangre euclidiana
dispuesta a persistir en el error.

El frío  del último invierno,
que ya nunca volvió a ser tan frío como antes;
ahora el calor del pavimento me atraviesa la suela
y llego con el pie hinchado,
llego y escucho el ventilador,
el ruido de su carcasa plástica.

Tac---tac---tac---tac…   goteras.
Goteo de los las máquinas de aire acondicionado,
que en rumores de frigorías imaginan un plan secreto:
corroer sus ménsulas; blitzkrieg sobre las cabezas
afiebradas pero templadas de sus usuarios
cuando bajen al supermercado
o revisen sus celulares antes de sacar las llaves.
¡Sépanlo! Que esto último me lo dijo
el ruido de la carcasa del ventilador, en entresueños,
ayer que también me hice el dormido
y pensó que no escuchaba.

Es por eso que hice un pozo atrás, lo llené de agua
(acosté unas ruedas viejas sobre el pasto además)
para que en esa sopa asoleada
nazcan cientos y cientos de mosquitos 
que atraigo perforando el mosquitero
y confundo prendiendo espirales
para que den vueltas en torno a mí,
ahora que estoy o me hago el dormido.
No sé porque extraña razón que me es ajena,
solo puedo estar atento a los fenómenos de interferencia.